Romeu Zema, ex-gobernador de Minas Gerais y candidato presidencial en Brasil, defendió una vez más la prohibición de las apuestas de cuotas fijas y comparó el juego problemático con la adicción a la cocaína.
Durante una reunión con familiares de personas afectadas por el juego problemático en Belford Roxo, el lunes pasado, Zema afirmó que, de ser elegido, su “primer acto” será acabar con las plataformas de juego.
“Es como la cocaína, tenemos que prohibirla. Las familias están pagando las consecuencias. No podemos tolerar esto”, declaró Zema. Al ser cuestionado sobre la postura de su partido político en defensa del libre mercado, el candidato argumentó que la libertad económica debe encontrar límites en actividades que, a su juicio, perjudican a la población.
Zema también reconoció que una posible prohibición no acabaría con el juego ilegal. Para el candidato, sin embargo, el Estado podría recurrir a recursos tecnológicos para identificar, cerrar y suspender sitios ilegales —una labor que ya realizan la Secretaría de Premios y Apuestas y Anatel—, aunque podrían surgir nuevas plataformas tras los bloqueos.
Ante las contundentes declaraciones de Zema, Leonardo Biazzi, editor de SBC Notícias Brasil, contactó a Rafael Ávila, psicólogo y especialista en salud mental y juego responsable, para analizar la comparación realizada por el candidato y discutir, desde la perspectiva de la salud pública, cuáles serían los efectos de una posible prohibición y qué medidas se pueden tomar para prevenir y reducir los daños relacionados con el juego.
Ávila cuestionó la comparación entre el juego y la cocaína
Frente a estas declaraciones, el especialista en salud mental advirtió que, aunque existen similitudes entre el trastorno del juego y los trastornos por consumo de sustancias, equiparar directamente las apuestas con la cocaína constituye una simplificación de problemas clínicos diferentes.
“Existen similitudes, pero es una simplificación peligrosa que reduce dos problemas complejos a un análisis muy superficial y aumenta aún más el estigma que rodea a las personas”, señaló Ávila.
El especialista explicó que tanto las adicciones relacionadas con sustancias como los llamados trastornos adictivos sin consumo de sustancias pueden presentar mecanismos similares, entre ellos el deseo compulsivo, la dependencia, la pérdida de control de los impulsos y el síndrome de abstinencia.

Sin embargo, remarcó que la comparación técnica no debería establecerse específicamente entre la cocaína y el juego, sino entre los trastornos por consumo de sustancias y los trastornos de la conducta. En este sentido, recordó que el DSM-5, el manual de referencia para la clasificación de los trastornos mentales, agrupa ambas categorías dentro del mismo capítulo.
“El mismo paralelismo podría hacerse con el alcohol, el tabaco o cualquier otra sustancia. La cocaína no tiene nada de especial en esta comparación”, sostuvo Ávila, quien consideró que su presencia en el discurso de Zema responde más a la relevancia social de la sustancia que a una proximidad técnica con el trastorno del juego.
El especialista también señaló que existen diferencias sustanciales entre ambos problemas, entre ellas los efectos que las sustancias producen en el organismo, la posibilidad de una sobredosis, los riesgos sociales, el contexto de consumo y las formas de acceso.
Para Ávila, además, el argumento de la prohibición plantea una cuestión que debería ser considerada en el debate sobre políticas públicas. “¿La prohibición de la cocaína ha eliminado su consumo? ¿Significa que ya no tenemos personas con problemas relacionados con esta sustancia?”, cuestionó.
Desde su perspectiva, abordar las adicciones exclusivamente desde una perspectiva moral puede llevar a ignorar herramientas relevantes para la prevención, el tratamiento y la reducción de daños.
Ávila también cuestionó la idea de que los casos de personas y familias afectadas por el juego problemático conduzcan necesariamente a la conclusión de que toda la actividad deba ser prohibida. Según explicó, los daños asociados al juego problemático pueden ser abordados mediante políticas de prevención, regulación y reducción de daños.
“Es posible prevenirlos mediante la información, hablando con mayor claridad sobre los riesgos y mostrando cómo obtener ayuda”, afirmó.
El especialista destacó que la regulación brasileña ya contempla mecanismos destinados a identificar y contener comportamientos de riesgo. Entre ellos mencionó el Decreto SPA/MF N.° 1231/2024, que establece obligaciones para las empresas de apuestas, como detectar conductas compulsivas, proporcionar información, intervenir ante situaciones de riesgo, ofrecer apoyo y poner a disposición herramientas para que los usuarios establezcan límites.
A esto se suma el sistema centralizado de autoexclusión, que, según Ávila, ya recibió más de un millón de solicitudes. Para el especialista, estos mecanismos representan una diferencia significativa respecto del mercado clandestino.
“Nada de esto existe en un mercado no regulado”, afirmó. Según explicó, durante el período previo a la regulación y en las plataformas que continúan operando de manera ilegal, los jugadores no cuentan con las mismas herramientas de protección.
Uno de los principales argumentos de Ávila contra una eventual prohibición de las apuestas es que podría provocar el desplazamiento de los usuarios hacia plataformas clandestinas, especialmente entre quienes ya presentan conductas de riesgo.
“El apostador pierde todos los mecanismos existentes para protegerlo”, advirtió.
Entre las herramientas que desaparecerían para estos jugadores mencionó el reconocimiento facial, utilizado para impedir el acceso de menores; la autoexclusión; los límites de depósito; los mensajes de advertencia y otros canales destinados a promover un comportamiento más responsable.
También destacó la pérdida de trazabilidad de los pagos, un elemento que, según explicó, permite identificar patrones de riesgo antes de que puedan convertirse en problemas de endeudamiento.
Ávila agregó que los estudios sobre el mercado ilegal muestran una utilización importante de tarjetas de crédito y criptomonedas para realizar depósitos. Según sostuvo, estos medios están entre los más asociados al endeudamiento y, a diferencia de las plataformas reguladas, forman parte de los métodos utilizados en el mercado clandestino.
Las autoridades brasileñas ya avanzaron contra este segmento con el bloqueo de decenas de miles de sitios web. Sin embargo, para Ávila, la persistencia de la oferta ilegal demuestra las dificultades para eliminarla completamente.
“Se está trabajando en ello, y es importante. Ya se han bloqueado 60.000 sitios web. Pero la oferta persiste”, señaló.
En este escenario, el especialista considera que una prohibición total podría generar un efecto contrario al buscado. Actualmente, las plataformas clandestinas representan una parte del mercado y conviven con un sector regulado que debe cumplir determinadas obligaciones de protección al jugador. Con una prohibición, sostuvo Ávila, “este escenario deja de ser una parte del mercado y se convierte en todo el mercado”.
“Todas las plataformas se vuelven clandestinas. Ninguna tiene la obligación de detectar comportamientos de riesgo, establecer límites ni derivar a nadie a tratamiento”, concluyó.


























